¿Qué necesidad tengo
de buscar la
verdad?
Hace unos días recibí un
Powert Point titulado, «El jesuita rojo». Se trataba
de un homenaje al gran bienhechor de la humanidad, Vicente Ferrer, que fue jesuita
hasta 1969 y falleció en junio 2009. La labor que este hombre ha realizado es
de admirar, y nos impulsa a una gran generosidad. Sin embargo, leí una de sus
máximas que me dejó muy perpleja y no termina de convencerme. Es la siguiente: «¿Qué necesidad tengo de buscar la verdad, si cualquier
acción para favorecer a los demás contiene todas las filosofías, todas las
religiones y además contiene a Dios?» ¿Qué opinión le merece esto a usted?
L. L. Caldes de Montbui
Esta vez, para
responder, tendré poco que decir de mi cosecha personal. Será el Papa,
Benedicto XVI quien responda con unos párrafos de su introducción a
“1. La caridad en la
verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre
todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del
auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. El amor
—«caritas»— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a
comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la
paz. Es una fuerza que tiene su origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta.
Cada uno encuentra su
propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo
plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta
verdad, se hace libre (cf. Jn 8,22).
Por tanto, defender la
verdad, proponerla con humildad y convicción y testimoniarla en la vida son
formas exigentes e insustituibles de caridad. Ésta «goza con la verdad» (1
Co 13,6).
Todos los hombres
perciben el impulso interior de amar de manera auténtica; amor y verdad nunca
los abandonan completamente, porque son la vocación que Dios ha puesto en el
corazón y en la mente de cada ser humano.
Jesucristo purifica y
libera de nuestras limitaciones humanas la búsqueda del amor y la verdad, y nos
desvela plenamente la iniciativa de amor y el proyecto de vida verdadera que
Dios ha preparado para nosotros. En Cristo, la caridad
en la verdad se convierte en el Rostro de su Persona, en una vocación a amar a
nuestros hermanos en la verdad de su proyecto. En efecto, Él mismo es
“2. La caridad es la vía
maestra de la doctrina social de
Ella da verdadera
sustancia a la relación personal con Dios y con el prójimo; no es sólo el
principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el
pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones
sociales, económicas y políticas.
Para
Soy consciente de las
desviaciones y la pérdida de sentido que ha sufrido y sufre la caridad, con el
consiguiente riesgo de ser mal entendida, o excluida de la ética vivida y, en
cualquier caso, de impedir su correcta valoración.
En el ámbito social,
jurídico, cultural, político y económico, es decir, en los contextos más
expuestos a dicho peligro, se afirma fácilmente su irrelevancia para
interpretar y orientar las responsabilidades morales.
De aquí la necesidad de
unir no sólo la caridad con la verdad, en el sentido señalado por San Pablo de
la «veritas in caritate» (Ef 4,15), sino también en
el sentido, inverso y complementario, de «caritas in veritate».
Se ha de buscar,
encontrar y expresar la verdad en la «economía» de la caridad, pero, a su vez,
se ha de entender, valorar y practicar la caridad a la luz de la verdad.
De este modo, no sólo
prestaremos un servicio a la caridad, iluminada por la verdad, sino que
contribuiremos a dar fuerza a la verdad, mostrando su capacidad de autentificar
y persuadir en la concreción de la vida social. Y esto no es algo de poca
importancia hoy, en un contexto social y cultural, que con frecuencia
relativiza la verdad, sea desentendiéndose de ella, sea rechazándola.”
“3. Por esta estrecha
relación con la verdad, se puede reconocer a la caridad como expresión
auténtica de humanidad y como elemento de importancia fundamental en las
relaciones humanas, también las de carácter público.
Sólo en la verdad
resplandece la caridad y puede ser vivida auténticamente. La verdad es luz que
da sentido y valor a la caridad. Esta luz es simultáneamente la de la razón y
la de la fe, por medio de la cual la inteligencia llega a la verdad natural y
sobrenatural de la caridad, percibiendo su significado de entrega, acogida y
comunión.
Sin verdad, la caridad
cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se
rellena arbitrariamente. Éste es el riesgo fatal del amor en una cultura sin
verdad. Es presa fácil de las emociones y las opiniones contingentes de los
sujetos, una palabra de la que se abusa y que se distorsiona, terminando por
significar lo contrario. La verdad libera a la caridad de la estrechez de una
emotividad que la priva de contenidos relacionales y sociales, así como de un
fideísmo que mutila su horizonte humano y universal. En la verdad, la
caridad refleja la dimensión personal y al mismo tiempo pública de la fe en el
Dios bíblico, que es a la vez «Agapé» y «Lógos»: Caridad y Verdad, Amor y Palabra.”
“4. Puesto que está
llena de verdad, la caridad puede ser comprendida por el hombre en toda su
riqueza de valores, compartida y comunicada. En efecto, la verdad es «lógos» que crea «diá-logos» y,
por tanto, comunicación y comunión.
La verdad, rescatando a
los hombres de las opiniones y de las sensaciones subjetivas, les permite
llegar más allá de las determinaciones culturales e históricas y apreciar el
valor y la sustancia de las cosas. La verdad abre y une el intelecto de los
seres humanos en el lógos del amor: éste es el
anuncio y el testimonio cristiano de la caridad.
En el contexto social y
cultural actual, en el que está difundida la tendencia a relativizar lo
verdadero, vivir la caridad en la verdad lleva a comprender que la adhesión
a los valores del cristianismo no es sólo un elemento útil, sino indispensable
para la construcción de una buena sociedad y un verdadero desarrollo humano
integral.
Un cristianismo de
caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos
sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales. De este
modo, en el mundo no habría un verdadero y propio lugar para Dios. Sin la verdad, la
caridad es relegada a un ámbito de relaciones reducido y privado. Queda
excluida de los proyectos y procesos para construir un desarrollo humano de
alcance universal, en el diálogo entre saberes y operatividad.”
Puedes, pues, salir de
tu perplejidad y estar tranquila. No es Vicente Ferrer (fallecido en junio
2009) –roguemos por él- quien tiene razón, eres tú, con tu buen sentido y con
tu fe católica quien está en lo cierto.
Dale gracias al Señor y
procura imitar la generosidad del buen ex-jesuita equivocado.
J. Mª. F-C.